Durante siglos, Los Pedroches fue paso natural entre Andalucía y Madrid. Pero cuando la principal comunicación se desplazó hacia Despeñaperros, la comarca quedó aislada. A finales del siglo XIX, el desarrollo de la red ferroviaria tampoco corrigió esta situación: las estaciones más próximas quedaban lejos y las malas carreteras dificultaban el transporte, especialmente el ligado a la actividad minera.
La solución llegó de la mano de la minería. En 1904 comenzaron las obras de la línea de vía estrecha promovida por la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya para transportar la galena desde las minas del Soldado hasta su fundición. En 1906 el tren alcanzó Pozoblanco y en 1907 llegó a Villanueva de Córdoba y Conquista, cuya estación se convirtió en un enclave estratégico. Desde aquí partía además un ferrocarril minero que enlazaba con las Minas de El Horcajo.
Un hito decisivo fue la perforación, en 1927, del túnel del Horcajo. La fuerte pendiente de este tramo obligó a adoptar una solución innovadora: su electrificación, algo poco habitual en líneas secundarias de la época. Gracias a ello se garantizó un tráfico más seguro y eficiente, superando las limitaciones de las locomotoras de vapor.
Esta modernización permitió enlazar directamente con Puertollano y, desde allí, con Madrid y el resto de España, sin rodeos por Córdoba o Almorchón. Tras el cierre de las minas en 1933, la línea entró en declive hasta clausurarse el 1 de agosto de 1970. Hoy, su trazado y estaciones conservan la memoria de aquella transformación histórica.